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  • virginiachaquiriand

Una mujer sin pareja, puede hacer tratamiento de fertilidad?

La Ley de Reproducción Humana Asistida en nuestro país, ha permitido que las mujeres, que no tienen pareja, puedan recibir las mismas ayudas que las mujeres en pareja con esterilidad, o las que tienen una pareja homosexual.



Algunas veces, por motivos personales, laborales, desencuentros amorosos, o porque la persona ideal no apareció, algunas mujeres se plantean en determinado momento de la vida, tener un hijo aunque no estén en pareja.


Si bien no es una decisión fácil, es cada vez más frecuente que algunas personas se lo planteen. Sobre todo porque sabemos que con la edad, vamos perdiendo posibilidades en lo reproductivo, por la reserva ovárica que disminuye, y porque cuanto mayor es una paciente, más riesgos durante el embarazo (hipertensión arterial, diabetes y otros).


Antes que la ley existiera, no estaba prohibido y teníamos pacientes que consultaban por ello. Pero desde que la ley fue votada, y su normativa se puso en marcha, pueden ir a la mutualista, u hospital (o seguro de salud) y pedir consulta con el especialista en fertilidad, tienen derecho a realizar la valoración correspondiente con las mismas ayudas que las otras pacientes, y el financiamiento de los tratamientos en las mismas condiciones.


Así como el resto de las pacientes deben completar toda la valoración de estudios de fertilidad (estudios hormonales, ecografías, estudios para evaluar la permeabilidad tubaria) y deben tener consulta con un psicólogo especialista en fertilidad para conversar sobre la decisión, ver las dudas, implicancias y realizar una evaluación completa para ayudar a la paciente en la decisión y acompañarla.


Cuando toda la valoración está dentro de parámetros normales, se inicia por inseminaciones (colocar con un catéter dentro del útero la muestra de semen de donante preparada al momento de la ovulación).

Para ello es necesario antes de iniciar, haber tenido las consultas correspondientes en el banco de semen, y tener adjudicadas las muestras necesarias. Hoy en día, hay muchas pacientes usando semen donado y a veces no hay disponibles suficientes muestras.

Es importante tener una consulta en dicho banco, con los médicos que se encargan de la asignación, para saber cómo son los criterios para evaluación y selección de los donantes y en función de cuales se asignan las muestras. Todo esto lleva un tiempo y es bueno y sano hacerlo antes de iniciar, en paralelo con los estudios de valoración de la mujer.

Otro concepto importante, es que la donación de gametas (semen y óvulos) en Uruguay, de acuerdo a la ley que tenemos, tiene que ser anónima y altruista.


Cuando ya se ha completado toda la valoración y tenemos la muestra asignada, se puede iniciar el tratamiento. Se comienza con una ecografía, al inicio del ciclo menstrual (entre días 2 y 5 del ciclo en general) y si los ovarios están comenzando correctamente, se puede iniciar la estimulación de la ovulación.

No es obligatorio estimular, y el objetivo no es tener muchísimos folículos, sino que acompañar la ovulación de ese ciclo para intentar que funcione correctamente.

Lo cierto es que en la mayoría de los casos, se hace bajo estimulación (también llamada inducción de la ovulación) porque permite optimizar las tasas de embarazo y la ley brinda ayudas en tres intentos de inseminaciones solamente y por otro lado el semen es congelado y descongelado para el momento de usarlo.

Esto hace que uno de los principales riesgos de este tipo de procedimiento, sea el embarazo múltiple. Ya que a veces, la paciente ovula más de un ovocito. Hay que tener claro, que el objetivo NUNCA es en medicina reproductiva el embarazo múltiple (gemelar o más) sino que es una complicación de los procedimientos. Muy probablemente, la complicación más frecuente.


Durante la estimulación, que puede ser con comprimidos o inyectables, se hace controles ecográficos y se ajustan las dosis y el momento de la inseminación.

La misma es un procedimiento sencillo, en que la paciente se coloca en posición ginecológica, se coloca un espéculo y se introduce un catéter en el útero para dejar el semen en el fondo de la cavidad uterina. Es una maniobra sencilla, y "se siente" igual que un papanicolau.

Luego de la misma, se da soporte de la fase lútea con progesterona (en general mediante óvulos).


Las tasas de embarazo varían según la edad de la mujer (como siempre) y si tiene patologías que puedan repercutir sobre la fertilidad. Antes de los 35 años, si todo está bien, está entre el 15 y 20 %. Es otro concepto importante a tener en cuenta, porque no es "tirar y cobrar". A veces lleva tiempo y esfuerzo y hay que estar preparada.

Cuando no funciona, luego de tres intentos, la ley en nuestro país preve que la paciente pueda presentarse ante el Fondo Nacional de Recursos a solicitar la Fecundación In Vitro con semen de donante.


Aunque la mujer no tenga una pareja, puede tener familia, amigos y afectos que la acompañen y la contengan en este proceso. Es muy importante recurrir a quienes puedan ayudar y hacer el soporte emocional, porque aunque en principio son tratamientos que no son por una patología, generan mucha incertidumbre y a veces angustia. Desde el inicio es importante tener claro que es un camino que a veces es corto y otras veces es largo, a veces nos encontramos con patologías o dificultades que inicialmente no esperábamos, porque no había un diagnostico previo de infertilidad.

Más allá de todo eso, con las ayudas que brinda hoy en día la medicina reproductiva, tenemos mucha posibilidades de conseguir el embarazo. Y aunque a veces parezca que nunca se va a llegar, la mayoría de las veces, se llega.


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